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Sales ganando, como siempre.

Sales ganando, como siempre.
Te vas, creando un invierno en mi cuerpo, en mi mente y en mi vida. Pero te quejas de la nieve. No soportas el blanco de los copos que caen, cuando ni siquiera los has visto. Porque me dejas el invierno a mi, pero tú te vas. Donde, quizás no haya un sol deslumbrante, pero no hay una lluvia constante por tus mejillas hasta aterrizar en tus labios, salándolos. Eso sólo ocurre en invierno.

En invierno normalmente me da por pensar, por reflexionar, por recordar. Y llueve, llueve muchísimo.
Llueve cuando recuerdo aquellos días sin poder moverme de la cama, con dolores casi insoportables... Y sólo viniste cuando mi madre te invitó a cenar. Y al verme te reías, bromeabas sobre el absceso.
Llueve cuando, en contrapunto, recuerdo todas las horas a tu lado, sin separarme, haciéndote compañía y atendiendo tus necesidades (kleenex, café calentito, manta).
Y llueve aún más con aquellas horas, largas horas de hospital, cuando te operaron la nariz. Sin dormir, a tu lado,…
Cuando llevas años con un menú que te ha encantado... Y de repente, no sabes por qué, crees que te apetece probar el sandwich.

Testosterona y estrógenos.

Tener el pájaro en la mano, pero no poder evitar mirar al cielo.

Dejarse llevar

¿Es malo ilusionarse? Tengo un poco de miedo, pero la vida sabe bien qué me ofrece.
Yo, de momento... me dejo llevar por ESA VOZ.

Patias

Hace mucho tiempo nacieron dos hermanas que, sin saberlo, cambiarían todo su mundo.
Las niñas fueron creciendo y, con los años, también creció su poder. Juntas, todo el mundo las quería. Apatia era serena, seria y era incapaz de sentir absolutamente nada. Empatia era el contrapunto de su hermana: alegre, vital y un manojo de sentimientos y emociones constantes y muy intensas.
Juntas aportaban estabilidad y felicidad a todos los que estaban cerca de ellas.
En cambio, todos los habitantes temían cuando sólo una se dedicaba a pasear por las calles del lugar.
Cuando Apatia salía a jugar, reinaba un caos silencioso, tenue, triste. Cuando era Empatia la que paseaba sola, todo era extremadamente ruidoso, exagerado, intenso.
Aquel lugar las necesitaba a las dos, juntas, para poder estar en armonía y paz.
Pero un día, Empatia cayó muy enferma. Una edad de hielo se había instalado en su alma y su esencia. No podía salir de su habitación, ni siquiera de su cama, estaba muy malherida y, aunq…

Lo siento

De verdad que lo siento. Pero ahora mismo sólo sé sentir repulsión.

Cuando todo te sobrepasa

El carnet de conducir.
El vestido.
Las oposiciones del Maestranza.
El trabajo.
Los horarios.
Los compromisos.
Mis amigos.
Escribir.
Ser ama de casa.
Ser sociable.
Tener reuniones de más trabajo.
Hablar de trabajo.
Pensar en trabajo.
Vivir para el trabajo.

Tengo una obsesión. No sé si es más o menos sana, pero es mi obsesión. Y mi obsesión es vivir. Me obsesiona el hecho de que 25 años sólo los voy a tener ahora, al igual que no voy a volver a tener 18 ni 22 años.
Siento que he podido vivir mucho más de lo que lo he hecho. Y, aunque no me pesen mis decisiones, o lo que he hecho hasta ahora, quiero aprovechar el tiempo. Quiero vivir. Quiero recordar cada año de mi vida por algo excepcional. No quiero que se me escapen los años viviendo menos para sobrevivir más.
Y no puedo. Vivir mi vida es demasiado caro. Querer ser independiente, vivir con mi novio, poder casarme, tener hijos. Es demasiado caro. No, no hablo de dinero. Hablo de vida. No conformarse es caro. Y a veces, nuestro cuerpo t…
Sigue faltándome algo contigo, ¿verdad?