A veces pienso en si soy la única que se da cuenta de ciertas cosas. A veces, y sólo a veces, tengo la sensación de que soy capaz de ver más allá de una sucesión de hechos, fallos y errores, súplicas de perdón. A veces pienso que a pesar de mi miopía puedo ver más allá y sufrir que detrás de todo eso, no hay rectificación. El sentimiento de culpa, la cara de perrillo abandonado, el "te quiero" cuando piensas que las cosas se van al traste.
A lo mejor mis ojos están tan acostumbrados a ver soluciones que cuando ven excusas, desidia, sienten como un quemazón que les hace llorar.
Bien es cierto que de unas semanas a esta parte me atormenta la idea de que todo se esté jodiendo a pasos agigantados. Me siento engañada, triste, decepcionada y sola.
Siempre hablamos de vivir de lo nuestro, mejor o peor, del tiempo para nosotros, de pasárnoslo pipa en nuestro pisito y con nuestra relación de ensueño.
Y ahora?
Ahora nada. No está ocurriendo eso, no está ocurriendo nada. Bueno, sí. Sí que está ocurriendo. El quemazón en el alma, la oxidación de los te quiero.
Cada mañana es una odisea, por amanecer sin ti. Cada hora que pasa son más ganas de un abrazo. Y lo peor de todo esto es que cada día que pasa, la oxidación aumenta. Te echo más de menos, pero no tardaré en acostumbrarme, como tú ya estás haciendo. No tardaremos en darnos el hola con beso, en no hablarnos en la cena y a dormirnos con otro beso que nos llevará a cada uno a un lado de la cama. Y media hora después, tú entrarás en el sueño profundo, producto del cansancio, y yo, cada día menos triste y más resignada, cogeré mis cosas y me iré al sofá, donde barreras arquitectónicas y sentimentales nos prohibirán pasar al menos seis horas juntos, aún siendo de forma inconsciente.
Y un nuevo despertar cansado, hasta llegar al bendito sábado, donde, quién sabe si despertaras a mi lado. Y si lo haces, pocas horas de libertad tendremos antes de trabajar, otra vez. Juntos, pero no revueltos. Sin tiempo para nada, sin tiempo para mi, sin tiempo para nosotros. No dormimos juntos, no pasamos tiempo juntos, casi no vivimos juntos, y, cuando surge la complicidad, esa complicidad meditada y pactada que nos lleva a la cama, a pasárnoslo bien juntos... Se acaba pronto. La vorágine de nuestras vidas nos está consumiendo como uno. Y no quiero permitir que empecemos a ser dos...

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cosas que escribía

Harta