Patias

Hace mucho tiempo nacieron dos hermanas que, sin saberlo, cambiarían todo su mundo.
Las niñas fueron creciendo y, con los años, también creció su poder. Juntas, todo el mundo las quería. Apatia era serena, seria y era incapaz de sentir absolutamente nada. Empatia era el contrapunto de su hermana: alegre, vital y un manojo de sentimientos y emociones constantes y muy intensas.
Juntas aportaban estabilidad y felicidad a todos los que estaban cerca de ellas.
En cambio, todos los habitantes temían cuando sólo una se dedicaba a pasear por las calles del lugar.
Cuando Apatia salía a jugar, reinaba un caos silencioso, tenue, triste. Cuando era Empatia la que paseaba sola, todo era extremadamente ruidoso, exagerado, intenso.
Aquel lugar las necesitaba a las dos, juntas, para poder estar en armonía y paz.
Pero un día, Empatia cayó muy enferma. Una edad de hielo se había instalado en su alma y su esencia. No podía salir de su habitación, ni siquiera de su cama, estaba muy malherida y, aunque sabía cuál era su cura, no dependía de ella su recuperación.
Fue entonces cuando Apatia, que no tenía medios para encontrar la solución a los problemas de Empatia (y, de hecho, aunque quería que le importara, aunque lo intentaba, no lo hacía), salía cada día a dar largos paseos por los alrededores de su casa.
No pasaron más de dos días cuando el lugar era el más triste de todo el reino. Reinaba una atmósfera de indiferencia, de enfado, casi de asco hacia el resto del mundo. Cada persona se encerró en sí misma y le daba igual lo que ocurriera a sus seres queridos y cercanos. El reino se volvió un lugar triste, egoísta e indiferente.
Empatia cada vez estaba peor. Aquello era lo contrario a lo que necesitaba para curarse, y si no lograba recuperarse, jamás podría devolver la normalidad a su tan amado pueblo.
Pero ninguna de las dos tenía la solución en sus manos...

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando todo te sobrepasa