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Sales ganando, como siempre.

Sales ganando, como siempre.
Te vas, creando un invierno en mi cuerpo, en mi mente y en mi vida. Pero te quejas de la nieve. No soportas el blanco de los copos que caen, cuando ni siquiera los has visto. Porque me dejas el invierno a mi, pero tú te vas. Donde, quizás no haya un sol deslumbrante, pero no hay una lluvia constante por tus mejillas hasta aterrizar en tus labios, salándolos. Eso sólo ocurre en invierno.

En invierno normalmente me da por pensar, por reflexionar, por recordar. Y llueve, llueve muchísimo.
Llueve cuando recuerdo aquellos días sin poder moverme de la cama, con dolores casi insoportables... Y sólo viniste cuando mi madre te invitó a cenar. Y al verme te reías, bromeabas sobre el absceso.
Llueve cuando, en contrapunto, recuerdo todas las horas a tu lado, sin separarme, haciéndote compañía y atendiendo tus necesidades (kleenex, café calentito, manta).
Y llueve aún más con aquellas horas, largas horas de hospital, cuando te operaron la nariz. Sin dormir, a tu lado,…
Cuando llevas años con un menú que te ha encantado... Y de repente, no sabes por qué, crees que te apetece probar el sandwich.

Testosterona y estrógenos.

Tener el pájaro en la mano, pero no poder evitar mirar al cielo.

Dejarse llevar

¿Es malo ilusionarse? Tengo un poco de miedo, pero la vida sabe bien qué me ofrece.
Yo, de momento... me dejo llevar por ESA VOZ.